Mostrando entradas con la etiqueta Michael Lowy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Michael Lowy. Mostrar todas las entradas

ECOSOCIALISM AND DEMOCRATIC PLANNING - Michael Lowy

If capitalism can’t be reformed to subordinate profit to human sur-vival, what alternative is there but to move to some sort of nation-ally and globally planned economy? Problems like climate changerequire the ‘visible hand’ of direct planning. …Our capitalist cor-porate leaders can’t help themselves, have no choice but to systemati-cally make wrong, irrational and ultimately – given the technologythey command – globally suicidal decisions about the economyand the environment. So then, what other choice do we have thanto consider a true ecosocialist alternative? Richard Smith1
Ecosocialism is an attempt to provide a radical civilizational alternative towhat Marx called capitalism’s ‘destructive progress’.2 It advances an eco-nomic policy founded on the non-monetary and extra-economic criteria ofsocial needs and ecological equilibrium. Grounded on the basic arguments ofthe ecological movement, and of the Marxist critique of political economy,this dialectical synthesis – attempted by a broad spectrum of authors, fromAndré Gorz (in his early writings) to Elmar Altvater, James O’Connor, JoelKovel and John Bellamy Foster – is at the same time a critique of ‘marketecology’, which does not challenge the capitalist system, and of ‘productivistsocialism’, which ignores the issue of natural limits.According to O’Connor, the aim of ecological socialism is a new societybased on ecological rationality, democratic control, social equality, and thepredominance of use-value over exchange-value.3 I would add that theseaims require: (a) collective ownership of the means of production (‘col-lective’ here meaning public, cooperative or communitarian property); (b)democratic planning, which makes it possible for society to define the goalsof investment and production, and c) a new technological structure of theproductive forces. In other words, a revolutionary social and economic trans-formation.4

CRISIS ECOLÓGICA, CAPITALISMO, ALTERMUNDISMO. UN PUNTO DE VISTA ECOSOCIALISTA - Michael Lowy

Crisis ecológica y cambio climático
La crisis ecológica planetaria alcanzó un cambio decisivo con el fenómeno del cambio climático. Primera constatación: todo se acelera más rápidamente que lo previsto. La acumulación de gases invernadero, el alza de la temperatura, la fundición de los glaciares polares y de las “nieves perpetuas”, las sequías, las inundaciones: todo se precipita, y los balances de los científicos, apenas secada la tinta de los documentos, se revelan demasiado optimistas. Ahora se inclinan, cada vez más, hacia escalas más elevadas, en las previsiones para los diez, veinte, treinta próximos años. A eso es necesario añadir algunos peligros, todavía poco estudiados, pero que corren el riesgo de provocar un salto cualitativo en el efecto invernadero y un descontrol incontrolable del recalentamiento del planeta: me refiero a los 400 miles de millones de toneladas de CO2 por el momento aprisionados en el permafrost (permagel o permacongelamiento), esta tundra congelada que se extiende de Canadá a Siberia. Si los glaciares comienzan a fundirse, ¿por qué el permafrost no se fundiría también?
Existen algunos escenarios de riesgo, es decir, si la temperatura sobrepasa los 2°/3° grados: los científicos evidentemente elaboran cuadros catastróficos, pero se saben ya los riesgos en los que incurren: elevación del nivel del mar, con inundación, no solamente de Dacca y otras ciudades costeras asiáticas, sino también de… Londres y Nueva York. Desertización de las tierras, a una escala gigantesca. Falta de agua potable. Catástrofes “naturales” (huracanes, maremotos, etc.) en serie. Se podría alargar la lista. A partir de un determinado nivel de la temperatura -seis grados, por ejemplo-, ¿la tierra será todavía habitable para nuestra especie? Desgraciadamente, no disponemos actualmente de un planeta de reemplazo en el universo conocido de los astrónomos
¿Quién es responsable de esta situación, inédita en la historia de la humanidad? Es el Hombre, nos responden los científicos. La respuesta es justa, pero un poco corta: el hombre vive sobre Tierra desde hace milenios y la concentración de CO2 ha comenzado a convertirse en un peligro desde hace algunas décadas solamente. Como marxistas, respondemos esto: la falta incumbe al sistema capitalista, a su lógica absurda e irracional de expansión y acumulación al infinito, su productivismo obsesionado por la búsqueda de beneficio.
¿Cuáles son, entonces, las propuestas, las soluciones, las alternativas propuestas por los “responsables”, las élites capitalistas dirigentes? Es poco decir que no están a la altura del reto. A veces hacen el ridículo: qué decir de la última reunión del G8 (junio de 2007), ese pomposo encuentro de las potencias de este mundo, en el se que decidió solemnemente, con el acuerdo de George Bush, la Unión Europea, Japón y el Canadá -los grandes contaminadores del planeta- que era necesario “tener en cuenta seriamente” la propuesta de reducción de las emisiones de CO2. ¿No es formidable? Por otra parte Nicolas Sarkozy se felicitó ruidosamente de haber convencido a George W. Bush de incluir, in extremis, el adverbio “seriamente” en la resolución… [1]
Otro ejemplo luminoso: la fundición de los glaciares árticos del Polo Norte se produce más rápidamente que lo previsto: según las últimas observaciones científicas, (octubre de 2007), se prevé su completa disolución ¡no hacia 2050 sino hacia 20020! Ello tiene el riesgo de consecuencias dramáticas; por una parte, un efecto de retroalimentación (feed-back); mientras que el hielo refleja, como un espejo, el calor solar, el mar o la tierra lo absorben, intensificando de esta manera el cambio climático; por otra parte, el peligro, a largo plazo, de una elevación del nivel del mar que sumergiría a países enteros (un riesgo real para los Países Bajos, según un informe de la Unión Europea). Ahora bien, ¿qué hacen los gobiernos limítrofes de la región, los EE.UU, Rusia y el Canadá? Se disputan, a golpes de expediciones militares patrióticas, el trazado de las respectivas zonas de soberanía, para la futura explotación de petróleo que yace actualmente bajo los glaciares…
¿Y qué decir de los acuerdos de Kioto, expresión de los gobiernos (burgueses) “más esclarecidos”, desde el punto de vista ecológico? Su dispositivo central, el “Mercado de los Derechos de emisión”, se reveló como una operación tragicómica: las cuotas de emisión distribuidas por los “responsables” eran tanto generosas, que todos los países han terminado el año 2006 con grandes excedentes de “derechos de emisión”. Resultado: el precio de la tonelada de CO2 se hundió de 20 euros en 2006 a menos de un euro actualmente… Es digno de mención también el último remedio milagroso, elaborado por Bush y Lula, pero que interesa también a Europa: sustituir al petróleo -de todos modos, destinado a agotarse- por los agro-combustibles (agrocarburantes). Los cereales o el maíz, más que alimentar al pueblo muerto de hambre del Tercer mundo, ahora llenarán los tanques de los coches de los países ricos. Según la FAO (Food and Agricultura Organización) de las Naciones Unidas, los precios de los cereales ya aumentaron considerablemente, debido a importante demanda de los agro-combustibles, condenando al hambre a millones de personas de los países pobres. Sin hablar de que debido a la producción de estos combustibles, que exigen fertilizantes, pesticidas, etc., se corre el riesgo de producir tanto CO2 como el que producen las energías fósiles.
Leer completo

¿QUÉ ES EL ECOSOCIALISMO? Michael Lowy

El crecimiento exponencial de la contaminación del aire en las grandes ciudades, del agua potable y del ambiente en general; el calentamiento del planeta, el principio de la fusión de los glaciales polares, la multiplicación de catástrofes "naturales"; el principio de la destrucción de la capa de ozono; la destrucción, a una velocidad creciente, de los bosques tropicales y la rápida reducción de la biodiversidad por la extinción de miles de especies; el agotamiento de tierras, su deseritficación; la acumulación de basura, principalmente nuclear, imposible de manejar; la multiplicación de accidentes nucleares y la amenza de un nuevo Tchernobyl; la contaminación de la comida, las manipulaciones genéticas, las "vacas locas", la carne con hormonas. Todas las luces están rojas: es evidente que el curso enloquecido de las ganancias, la lógica productivista y la mercantilización de la civilización capitalista/industrial nos conduce a un desastre ecológico de proporciones incalculables. No es ceder al «catastrofismo» el constatar que la dinámica del «crecimiento» infinito inducido por la expansión capitalista amenaza los fundamentos naturales de la vida humana en el planeta. (1)
¿Cómo reaccionar frente a este peligro? El socialismo y la ecología -o por lo menos, ciertas corrientes suyas- tienen objetivos comunes que implican un cuestionamiento de la autonomización de la economía, del reino de la cuantificación, de la producción como meta en sí misma, de la dictadura del dinero, de la reducción del universo social al cálculo de márgenes de rentabilidad y a las necesidades de la acumulación del Capital. Ambos defienden los valores cualitativos: el valor de uso, la satisfacción de necesidades, la igualdad social, el resguardo de la naturaleza, el equilibrio ecológico. Ambos conciben a la economía como una "pieza" en el ambiente: social para el algunos, natural para otros.
Se dice, las divergencias de fondo son las que mantienen separados a los «rojos» y a los «verdes», a los marxistas de los ecologistas. Los activistas ecologistas acusan a Marx y Engels de productivismo. ¿Se justifica esta imputación? Sí y no.

ECOSOCIALISMO: HACIA UNA NUEVA CIVILIZACION Michael Löwy

Las presentes crisis económica y ecológica son parte de una coyuntura histórica más general: estamos enfrentados con una crisis del presente modelo de civilización, la civilización Occidental moderna capitalista/industrial, basada en la ilimitada expansión y acumulación de capital, en la “mercantilización de todo” (Immanuel Wallerstein), en la despiadada explotación del trabajo y la naturaleza, en el individualismo y la competencia brutales, y en la destrucción masiva del medio ambiente. La creciente amenaza de ruptura del equilibrio ecológico apunta a un escenario catastrófico –el calentamiento global– que pone en peligro la supervivencia misma de la especie humana. Enfrentamos una crisis de civilización que demanda un cambio radical.[1]
Ecosocialismo es un intento de ofrecer una alternativa civilizatoria radical, fundada en los argumentos básicos del movimiento ecológico, y en la crítica marxista de la economía política. Opone al progreso destructivo capitalista (Marx) una política económica basada en criterios no monetarios y extraeconómicos: las necesidades sociales y el equilibrio ecológico. Esta síntesis dialéctica, intentada por un amplio espectro de autores, desde James O’Connor a Joel Kovel y John Bellamy Foster, y desde André Gorz (en sus escritos juveniles) a Elmar Altvater, es al mismo tiempo una crítica de la “ecología de mercado”, que no desafía el sistema capitalista, y del “socialismo productivista”, que ignora la cuestión de los limites naturales.
Según James O’Connor, el objetivo del socialismo ecológico es una nueva sociedad basada en la racionalidad ecológica, en el control democrático, en la equidad social, y el predominio del valor de uso sobre el valor de cambio. Agregaría que este objetivo requiere: a) propiedad colectiva de los medios de producción –“colectiva” quiere decir propiedad pública, cooperativa o comunitaria–; b) planificación democrática que permita a la sociedad definir metas de inversión y producción; y c) una nueva estructura tecnológica de las fuerzas productivas. En otros términos: una transformación social y económica revolucionaria.[2]

COPENHAGUE, 12 de abril de 2049 Michael Lowy

12 de abril de 2049. Era una agradable y fresca mañana de primavera, con una temperatura no por encima de 42º C a la sombra. La abuela Sarah, de 71 años, fue a dar un paseo por la orilla del mar con su nieto Stefan, de 10 años. Entablaron una conversación muy animada.
Stefan: Abuela, ¿es verdad lo que me dijo papá esta mañana, que frente a nosotros bajo el mar se encuentra una ciudad que se llamaba Copenhague?
Sarah: Sí, querido Stefan, fue una gran, hermosa y encantadora ciudad, llena de palacios, iglesias, torres, teatros y universidades. Vivíamos allí, con nuestros amigos y la familia, antes de la Catástrofe.
Stefan: ¿Qué pasó?
Sarah: ¿No te lo han enseñado en la escuela? Los gases de efecto invernadero emitidos por las energías fósiles –carbón, petróleo– produjeron un aumento de la temperatura y miles de millones de toneladas de hielo del Polo Sur y Groenlandia se derritieron. El proceso comenzó lentamente, pero al cabo de unos años se hizo repentino. Enormes bloques de hielo cayeron al mar y el nivel de los océanos se incrementó en varios metros.
Stefan: Ya veo... ¿Ocurrió solamente aquí, en Dinamarca? Sarah: Oh no, hijo mío. Sucedió en todo el mundo. Muchas otras ciudades maravillosas, como Venecia, Amsterdam, Londres, Nueva York, Río de Janeiro, Dacca, Hong Kong se encuentran ahora bajo el mar...
Stefan: ¿Ya nunca veré Copenhague y estas otras ciudades?
Sarah: Me temo que no, Stefan. Algunos climatólogos dicen que dentro de unos pocos miles de años, cuando el clima vuelva a cambiar de nuevo, el mar puede retroceder, revelando las ruinas de las espléndidas ciudades. Pero no estaremos allí para verlo.
Stefan: Pero, abuela, nadie previó la catástrofe?
Sarah: ¡Muchas personas! Algunos científicos, como James Hansen, el climatólogo de la NASA, predijo con bastante precisión, hace 40 años, lo que sucedería de no cambiar y seguir “haciendo las cosas como siempre". Otros científicos también predijeron lo que ha ocurrido en el sur de Europa: en lugar de las verdes tierras del sur de Italia, Francia y España, ahora tenemos el llamado Desierto del Sáhara del Sur de Europa.
Stefan: Dime abuela ¿la catástrofe era inevitable?
Sarah: La verdad es que no, hijo. Hace algunas décadas todavía era posible evitarlo, si se hubieran hecho cambios radicales.
Stefan: ¿Por qué los gobiernos no hicieron algo?
Sarah: La mayoría de ellos servían a los intereses de las clases dominantes, que se negaron a considerar cualquier cambio que amenazara su sistema económico –la economía de mercado capitalista– sus privilegios y su forma de vida. Eran una especie de "oligarquía fósil " que se aferraba obstinadamente al petróleo y al carbón y consideraba "poco realista" cualquier propuesta de sustituirlas por alternativas renovables (como la energía solar) o una amenaza para la "competitividad" de sus empresas. Lo mismo pasaba con la industria del automóvil y el transporte de mercancías por camiones, etc.
Stefan: ¿Cómo se puede estar tan ciego?
Sarah: Mira, en 2009, cuando todavía existía la ciudad de Copenhague, los gobernantes del mundo se reunieron aquí en una Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático. Hicieron hermosos discursos, pero no llegaron a conclusiones significativas sobre qué hacer en los años siguientes. Algunos países industriales ricos anunciaron que reducirían a la mitad sus emisiones de gases de efecto invernadero para el año… ¡2050! Y no encontraron nada mejor, mientras tanto, que establecer un "sistema de comercio de derechos de emisión" por el que los grandes contaminadores compraron el derecho a seguir contaminando.
Stefan: ¿Y nadie protestó?
Sara: ¡Por supuesto que hubo protestas! Masas de gente enojada vino a Copenhague desde toda Europa y también de países lejanos para expresar su protesta y exigir medidas inmediatas y radicales, tales como la reducción de las emisiones en un 40% para 2020 (¡deberían haber pedido el 80%!). Entre las personas que apoyan estas medidas, había algunas –yo era una de ellas– que se llamaban a sí mismas ecosocialistas.
Stefan: ¿Qué proponíais?
Sarah: Argumentábamos que era necesario un cambio social radical, tomando los medios de producción de las manos de la oligarquía capitalista para dárselos a las personas; pedíamos un nuevo modo de civilización, un nuevo modelo de producción –usando la energía solar– y de consumo, promoviendo la supresión de la inútil publicidad basura. En vez de un "crecimiento" ilimitado, basado en la acumulación ilimitada de beneficios y capital, proponíamos la planificación democrática de la producción, de acuerdo con las necesidades sociales y la protección del medio ambiente.
Stefan: ¡Eso me parece razonable! Pero, ¿cuál fue la respuesta de las autoridades?
Sarah: Bueno, nosotros y todos los demás jóvenes manifestantes fuimos recibidos por la policía con gases lacrimógenos.
Stefan:¿Le atacaron abuela?
Sarah: ¡Ah sí! Fui golpeada por un policía con una porra de goma, que casi me cortó la oreja izquierda. Mira, todavía tengo una marca aquí, bajo mi pelo...


Este documento fue preparado, gracias a la máquina del tiempo de H.G.Wells, por la Red Internacional Ecosocialista www.ecosocialistnetwork.org El texto ha sido escrito por Michael Lowy, con la ayuda de Klaus Engert, Danièle Follet, Joel Kovel, Joaquín Nieto y Ariel Salleh

MANIFIESTO ECOSOCIALISTA Joel Kovel y Michael Löwy

El siglo XXI se inicia de manera catastrófica, con un grado sin precedentes de deterioro ecológico y un orden mundial caótico, amenazado por el terror y por conglomerados de guerra desintegradora, de baja intensidad, que se extienden como gangrena a través de amplios segmentos del planeta -África Central, Medio Oriente, Asia Central y del Sur y noroeste de Sudamérica- y reverberan a través de las naciones.
En nuestra visión, la crisis ecológica y la crisis de deterioro social están profundamente interrelacionadas y deben ser vistas como distintas manifestaciones de las mismas fuerzas estructurales. La primera se origina ampliamente en la industrialización rampante que desborda la capacidad de la Tierra para amortiguar y contener la desestabilización ecológica. La segunda se deriva de la forma de imperialismo conocida como globalización, con efectos desintegradores en las sociedades que encuentra a su paso. Más aun, estas fuerzas subyacentes son esencialmente aspectos diferentes de una misma corriente, que debe ser identificada como la dinámica central que mueve a la totalidad: la expansión del sistema capitalista mundial.
Rechazamos todos los eufemismos o la suavización propagandística de la brutalidad de este régimen: todo intento de lavado verde de sus costos ecológicos, toda mistificación de sus costos humanos en nombre de la democracia y los derechos humanos. Insistimos, por el contrario, en mirar al capital desde la perspectiva de lo que realmente ha hecho.
Actuando sobre la naturaleza y su equilibrio ecológico, el régimen capitalista, con su imperativo de expansión constante de la rentabilidad, expone los ecosistemas a contaminantes desestabilizadores; fragmenta hábitats que han evolucionado durante eones para permitir el florecimiento de los organismos, despilfarra los recursos y reduce la sensual vitalidad de la naturaleza al frío intercambio requerido por la acumulación de capital.
En lo concerniente a la humanidad y sus demandas de autodeterminación, comunidad y una existencia plena de sentido, el capital reduce a la mayoría de la población mundial a mero reservorio de fuerza de trabajo, mientras descarta a muchos de los restantes como lastre inútil. Ha invadido y erosionado la integridad de las comunidades a través de su cultura global de masas de consumismo y despolitización.
Ha incrementado las desigualdades en riqueza y poder hasta niveles sin precedentes en la historia humana. Ha trabajado en estrecha alianza con una red de estados clientes serviles y corruptos, cuyas élites locales ejecutan la tarea de represión ahorrándole al centro el oprobio de la misma. Y ha puesto en marcha una red de organizaciones supraestatales bajo la supervisión general de los poderes occidentales y del superpoder Estados Unidos, para minar la autonomía de la periferia y atarla al endeudamiento, mientras mantiene un enorme aparato militar para asegurar la obediencia al centro capitalista.
Creemos que el actual sistema capitalista no puede regular, y mucho menos superar, las crisis que ha desatado. No puede resolver la crisis social y ecológica, porque hacerlo requiere poner límites a la acumulación -una opción inaceptable para un sistema cuya prédica se apoya en la divisa: ¡crecer o morir ! Y no puede resolver la crisis planteada por el terror y otras formas de rebelión violenta porque hacerlo significaría abandonar la lógica imperial, lo que impondría límites inaceptables al crecimiento y a todo el "modo de vida" sostenido por el ejercicio del poder imperial. Su única opción restante es recurrir a la fuerza bruta, incrementando así la alienación y sembrando las semillas del terrorismo... y del antiterrorismo que lo sigue, evolucionando hacia una variante nueva y maligna de fascismo.
En suma, el sistema capitalista mundial está en una bancarrota histórica. Se ha convertido en un imperio incapaz de adaptarse, cuyo propio gigantismo deja al descubierto su debilidad subyacente. Es, en términos ecológicos, profundamente insustentable y debe ser cambiado de manera fundamental, y mejor aun, lo que pretendemos, reemplazado, si ha de existir un futuro digno de vivirse.
De este modo, regresa la categórica disyuntiva planteada una vez por Rosa Luxemburgo: ¡socialismo o barbarie!, en momentos en que el rostro de esta última refleja ahora el sello del siglo que empieza y asume el semblante de la ecocatástrofe, el terror-contraterror, y su degeneración fascista.
Pero, ¿por qué socialismo, por qué revivir esta palabra en apariencia destinada al basurero de la historia por los fracasos de sus interpretaciones del siglo XX?.
Leer completo

POR UNA ETICA ECOSOCIALISTA Michael Lowy

El capital es una formidable máquina de reificación. Después de la Gran transformación de la que habla Karl Polanyi, es decir, después de que la economía capitalista de mercado se ha autonomizado, de que se ha –por decirlo así– “desatorado”, ésta funciona únicamente según sus propias leyes, las leyes impersonales de la ganancia y de la acumulación. Ésta supone, subraya Polanyi, “la transformación de la sustancia natural y humana de la sociedad en mercancías”, gracias a un dispositivo, el mercado autorregulador, que tiende inevitablemente a “romper las relaciones humanas y... aniquilar el hábitat natural del hombre”.
Leer completo