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EL CAMBIO CLIMATICO DESDE LA IZQUIERDA ANTI-CAPITALISTA Y ECOSOCIALISTA - Andrés Lund Medina

I. NUESTRA CAÍDA EN EL ANTROPOCENO
Estamos en medio de una coyuntura socio-histórica concreta y singular que, a su vez, se encuentra situada en una fase del desarrollo capitalista (neoliberal), la cual se enmarca en una Época histórica de larga duración: la Modernidad.
Sin embargo, el despliegue del capitalismo nos obliga a ampliar nuestra ubicación socio-temporal y conectarnos con la historia geológica de nuestro planeta ya que todo indica que nos encontramos, también, ante una nueva Era geológica: el Antropoceno.
“Nuestro viejo mundo, el que habitamos desde hace 12 mil años, se ha acabado”, nos informa el sociólogo marxista estadounidense Mike Davis. Para afirmar eso se apoya en lo que sostienen los miembros de una prestigiosa sociedad de geólogos británicos, la más antigua del mundo, expertos en la periodización de la Tierra. De acuerdo a sus investigaciones, si antes vivíamos en el Holoceno -una Era interglaciar “inusualmente estable” que posibilitó el desarrollo de la agricultura y la sociedad urbana hasta el capitalismo industrial-, ahora nos encontramos en la Era Antropocénica. Este cambio ocurrió gracias a “la aparición de la sociedad urbana e industrial como fuerza geológica.” El Calentamiento Global y el Ecocidio planetario han provocado un Cambio Climático que nos coloca en una nueva Era geológica que se caracteriza por la devastación ecológica “y la inestabilidad radical esperada en los ecosistemas del futuro.” (1)
Lo dramático del asunto es que esa nueva Era geológica, el Antropoceno, puede ser, justamente, la de la desaparición de la civilización humana y del mismo antropo como especie humana. De acuerdo con la historia geológica de la Tierra, nos debemos ubicar en el período Cuaternario, que empezó hace 1,600 millones de años y que llega hasta nuestros días. Este período se divide en el pleistoceno, la primera y más larga parte del periodo, el holoceno y, finalmente, el antropoceno. En la primera, evolucionaron los homínidos hasta el autodenominado homo sapiens; en la segunda, se desarrolló la civilización humana hasta el capitalismo; en la tercera, el capitalismo se volvió una incontrolable fuerza geológica destructiva que provocó un cambio geológico. Este cambio geológico puede resentirse por millones años. Es posible que cause la destrucción de la propia civilización humana y puede ser que dé lugar a la sexta extinción en masa más grande en la historia de la Tierra.
-Pero, ¿realmente entramos a una nueva Era? ¿El Antropoceno es inevitable? ¿Vivimos no sólo el final de una Era sino de la especie humana?
-Si entendemos que este cambio geológico no se debe al ser humano como especie, pues durante miles de años existió sin fracturar los intercambios metabólicos con la naturaleza, nuestras preguntas son otras.
-Ese cambio se debe a un sistema económico determinado: al capitalismo, y entonces las preguntas cambian. Nos debemos preguntar por las alternativas históricas, sociales y políticas al capitalismo.
-¿Acaso no es más necesario y urgente que nunca impulsar una sociedad ecosocialista que termine con el capitalismo ecocida para estabilizar el clima global, preservar los ecosistemas y dar una vida digna a los seres humanos?
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ECOSOCIALISMO O NEOBARBARIE - Andrés Lund Medina

I. “Eco” y “socialismo”

El término “Ecosocialismo” pretende unir dos palabras -“ecología” y “socialismo”- para crear un nuevo significado, un concepto diferente, un pensamiento cargado de reflexión, de análisis, de crítica y, también de utopía.

El “eco” de la primera parte de este neologismo alude al oikos, a la casa humana, es decir: a la Naturaleza y a la Sociedad, a la relación del ser humano con la Naturaleza. La prioridad de este oikos en el nuevo término subraya, de entrada, la centralidad de los problemas ecológicos en cualquier reflexión sobre un proyecto social global. La segunda parte de este nuevo término, “socialismo”, remite a un proyecto social que pretende trascender al capitalismo, instaurando una sociedad más libre, justa e igualitaria. Sin embargo, el que se le coloque después del “eco” significa que ese “socialismo” quiere ser diferente y subordinado al cuidado del oikos.

El “eco” remite a lo que es (al oikos que habitamos), en cambio “socialismo” apunta a lo que no es pero debe ser (a la utopía); la palabra “ecología” alude a problemas, desastres, crisis ambiental; “socialismo” quiere significar a una sociedad capaz de superar los problemas (sociales y ambientales) que el capitalismo no puede solucionar. El ecosocialismo quiere plantearse como una propuesta de solución global de los problemas ambientales y como una alternativa al capitalismo.

Uno de los forjadores de este proyecto de Ecosocialismo, Michael Lowy, dice: “Cuando el tema es ecología y socialismo, lo primero a considerar es hasta qué punto la razón capitalista está llevando a nuestro pequeño planeta -y a los seres vivos que lo habitan- a una situación catastrófica desde el punto de vista del medio ambiente, de las condiciones de supervivencia de la vida humana y de la vida en general.” (1)

Para él, como para otros ecosocialistas, el oikos que habitamos los animales humanos y el conjunto de seres vivos no humanos, nuestra “Patria-Tierra” como la llama Edgar Morin, está siendo saqueado, destruido y desequilibrado por la “racionalidad capitalista” a un ritmo tan intenso y en proporciones tan vastas que puede conducirnos a un suicidio (de la especie humana) pero también a un ecocidio (como ya ocurre en amplias regiones del planeta), e incluso a un “terricidio”. Para los ecosocialistas, el origen y la causa de la crisis ecológica es el capitalismo. Así lo manifiesta Lowy:

“Actuando sobre la naturaleza y su equilibrio ecológico, el régimen, con su imperativo de expansión constante de la rentabilidad, expone los ecosistemas a contaminantes desestabilizadores; fragmenta hábitats que han evolucionado durante eones para permitir el florecimiento de los organismos, despilfarra los recursos y reduce la sensual vitalidad de la naturaleza al frío intercambio requerido por la acumulación de capital.” (2)
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