EL ECOSOCIALISMO EN LA PERSPECTIVA MARXISTA Y LA NECESIDAD DE SU CONSTRUCCIÓN - Lucía Caisso

Actualmente lo que se conoce como problemáticas ambientales (la contaminación, el saqueo de los recursos naturales, la deforestación, los problemas de acceso a los recursos vitales para la existencia) vienen tomando cada vez más relevancia, tanto en las agendas de discusión oficial como en las luchas de las organizaciones y movimientos sociales.
Hay que reconocer que para las organizaciones de izquierda, socialistas, revolucionarias, esta temática como otras, fue relegada por distintas razones. Tal vez el problema de la izquierda para abordar estos problemas urgentes se deba por un lado a su tendencia a centrarse en los problemas reivindicativos de la clase obrera ocupada, pero también al desarrollo incipiente que tiene el análisis de esta realidad en términos de clase y dentro de un programa que tienda al socialismo.
Es porque entendemos que no estamos hablando simplemente de la desaparición de un bosque o una especie sino de la calidad de vida y de la supervivencia de millones de personas, que creemos que ni las asambleas, ni los partidos ni cualquier organización que pretenda representar a los oprimidos puede obviar estas problemáticas. En este sentido, postulamos que el concepto de ecosocialismo es clave para acercarse a ellas desde una óptica socialista y revolucionaria.

“Ecosocialismo“es un término instalado fuertemente por Michael Löwy, filósofo y sociólogo marxista de origen franco-brasilero. Según este autor, el ecosocialismo designa una corriente de pensamiento y acción, es decir una corriente política, que se ha venido desarrollando en diferentes partes del mundo a lo largo de los últimos 25 años. Tanto Löwy como Joel Kövel, quienes lanzaron el Manifiesto Ecosocialista en el año 2002, definen al eco-socialismo como el proyecto o necesidad de avanzar en las tareas de construcción de una sociedad donde las grandes decisiones sobre las prioridades de la producción y el consumo no estén decididas por un grupo reducido de explotadores o por las fuerzas del mercado ni, como ha sucedido en los socialismos reales, por una oligarquía de burócratas y expertos sino por los usuarios y trabajadores.
El ecosocialismo mantiene los objetivos emancipatorios del socialismo de primera época (en el sentido de la lucha para concretar una sociedad sin clases, la que se alcanza a través de una revolución social que coloque en el poder a todos los sectores de clase trabajadora) pero teniendo en cuenta que las experiencias de socialismo real, por resultar variantes burocráticas, han generado estructuras hiper-productivistas que tampoco han respetado el marco ecológico en el que existieron.

Si vamos a ver la obra de Marx o de Engels para ver qué dijeron sobre los problemas de la ecología, varios autores nos marcan que ahí hay una especie de tensión no resuelta, tanto para Marx como para Engels, es decir, no hay una visión ecológica de conjunto que se mantenga coherente a lo largo de toda la obra, tal vez por el incipiente desarrollo, en el S XIX, de las consecuencias nefastas de la producción capitalista para el medio ambiente.

Tanto Marx como Engels oscilan entre:

- el reconocimiento del carácter destructivo del progreso capitalista en relación al medio
- o la aceptación de las fuerzas productivas creadas por el capitalismo como base económica de la nueva sociedad

Este primer aspecto, es decir el reconocimiento del carácter destructivo del progreso capitalista, se encuentra presente en numerosos pasajes del libro 1 del Capital, como por ejemplo en la conclusión del capítulo sobre la gran industria y la agricultura. Allí se explicita la cuestión de los estragos provocados por el capital sobre el medio ambiente natural y se esboza una visión de las contradicciones del progreso inducido por el desarrollo de las fuerzas productivas :
« cada progreso de la agricultura capitalista es un progreso no solamente en el arte de explotar al trabajador [para mejorar la productividad], sino también en el arte de desvalijar al suelo ; cada progreso en el arte de acrecentar su fertilidad por un tiempo, es la ruina de sus recursos duraderos de fertilidad. La producción capitalista no desarrollará la técnica y la combinación del proceso de producción social más que minando al mismo tiempo las dos fuentes de donde surge toda riqueza: la tierra y el trabajador»
Incluso en numerosos escritos Marx et Engels presentan a la conservación des medio ambiente como una tarea fundamental del socialismo. Por ejemplo, en el volumen III del Capital se opone a la lógica capitalista de la gran producción agrícola, (fundada sobre la explotación y el despilfarro de las fuerzas del suelo) otra lógica, de naturaleza socialista:
« [es necesario] el tratamiento conscientemente racional de la tierra como eterna propiedad comunitaria y como condición inalienable de la existencia y de la reproducción de la cadena de generaciones humanas sucesivas»
Sin embargo, el segundo término de esta tensión en la obra de Marx y de Engels (es decir, la aceptación de las fuerzas productivas creadas por el capitalismo como base económica de la nueva sociedad) se encuentra en la postura poco crítica hacia el sistema de producción creado por el capital y una tendencia a hacer del desarrollo de las fuerzas productivas el principal vector del progreso.

Esta postura se halla por ejemplo en el Prefacio a la Contribución a la crítica de la Economía política, uno de los escritos de Marx más marcados por un cierto evolucionismo, por la filosofía del progreso, por el cientificismo y por una visión muy poco problematizada de las fuerzas productivas, en el cual las mismas aparecen como neutras y la revolución no tendría por tarea más que abolir las relaciones de producción que se han vuelto una traba para el desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas .

Marx y Engels parecen concebir en estos pasajes a la transformación socialista simplemente como la apropiación colectiva de esas fuerzas, de esos medios de producción desarrollados por el capitalismo, y que en un contexto socialista podrían desarrollarse infinitamente. Habría entonces una continuidad sustancial entre el aparato productivo capitalista y el socialista, sólo que éste, sometido a la gestión planificada y racional estaría puesto al servicio de los trabajadores.
Y son justamente las experiencias del « socialismo real » (por ejemplo la catástrofe Tchernobyl) las que ilustran bien los problemas que resultan de una apropiación colectiva del aparato productivo capitalista que no tenga en cuenta la contradicción existente entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las condiciones de producción (los trabajadores, el espacio urbano, la naturaleza).
Un ejemplo hipotético sería el del problema de los alimentos transgénicos. Si bien podemos considerar los avances bio-tecnológicos en la producción de alimentos transgénicos como un desarrollo de las fuerzas productivas (dado que permiten la producción de alimentos a gran escala, con bajos costos y pocos riesgos) jamás podríamos considerarlos como viables dentro de una economía socialista, racional y planificada, dado que representan gravísimos riesgos para la salud humana. Lo mismo ocurre con la mega-minería, un método de extracción de minerales que si bien resulta efectivísimo en términos de producción, no podría ser conservado por la destrucción y contaminación que provoca.
Sin embargo, no creemos, junto con Löwy, que sean justificadas las acusaciones de “hiper-productivismo” que se le realizaron a Marx y Engels. Si bien, como dijimos, por momentos sus obras exaltan la bondad del desarrollo industrial y adquieren una óptica evolucionista en relación al desarrollo de las fuerzas productivas, hay que reconocer que nadie denunció la lógica capitalista de producción por la producción tanto como Marx: la misma idea de socialismo es el de una producción de valores de uso, de bienes necesarios para la satisfacción de necesidades humanas. El objetivo supremo del progreso técnico para Marx no es el crecimiento infinito de posesiones ("el tener") sino la reducción de la jornada de trabajo, y el crecimiento del tiempo libre ("el ser").

Todos estos análisis sobre la obra de Marx, sobre las potencialidades del ecosocialismo como corriente política, surgen principalmente de países europeos como Francia, y también de los EE.UU.
En Francia, por ejemplo, hay que reconocer que uno de los partidos más influyentes de la izquierda política francesa, el NPA, viene desarrollando fuertemente los ejes del ecosocialismo. El NPA es un partido muy grande (9000 militantes) que se ha conformado recientemente, en febrero de este año, como fusión de diferentes corrientes de la izquierda francesa. Durante su congreso fundacional, el 30 % de los delegados enviados al mismo votó que en vez de utilizarse la palabra “socialismo” dentro de los documentos fundacionales del partido, se la cambiara por “eco-socialismo”, entendiendo que este concepto permitía una visión más integral de lo que entendemos cuando hablamos de socialismo. Sin embargo, el congreso lo rechazó, y algunas delegaciones presentes tildaron a esos delegados de minoría reformista, a pesar de tratarse de, como dijimos, el 30% de los delegados asistentes.
Pero más allá de este interés creciente y del gran desarrollo que viene habiendo en Europa sobre estos temas, las organizaciones de esa región vienen desarrollando ejes que responden a las problemáticas particulares de esas zonas, y que, por lo tanto, tienen grandes diferencias de enfoque con lo que podrían ser las reivindicaciones en una región como la nuestra.
Eso ya lo veíamos en el Manifiesto Ecosocialista. Los franceses plantean como sus reivindicaciones más fuertes la prohibición de las emisiones de gases con efecto invernadero, la producción de organismos genéticamente modificados (transgénicos), la retirada de las plantas nucleares, y sobre todo hacen un fuerte énfasis en los problemas que surgen como consecuencia de un estilo de vida hiper-consumista (crecimiento desmesurado de la tasa automotriz, etc).
Es decir, que a los planteos del manifiesto eco-socialista, o a los planteos generales que a nivel teórico hacen los eco-socialistas europeos, desde acá deberíamos agregarle todo lo que significa pertenecer a una región “periférica”:
• ser víctimas de que nuestros recursos naturales más vitales (el agua en Córdoba sin ir más lejos) se encuentren en manos de capitales europeos
• estar predestinados en la división mundial del trabajo expresada en el plan IIRSA a la producción de mono-cultivos (que es una palabra que se suele asociar con la soja pero con la que también nos queremos referir a los cultivos utilizados en la producción de agro-combustibles)
• que nos sometan a la menos visible contaminación y extracción a gran escala que provocan los emprendimientos mineros extranjeros a lo largo de la cordillera
• que todos nuestros problemas ambientales además se encuentren enmarcados, a diferencia del contexto europeo, en un escenario de marginalidad extrema donde los sujetos se encuentran en una muchísimo mayor desventaja tanto en el acceso a los recursos como en la posibilidad de que sus denuncias sean escuchadas.
Es por estas particularidades a la cuales debemos hacer frente que nos propusimos conformar un espacio de Ecosocialismo nacional que tome como primera tarea la redacción de un Manifiesto Eco-socialista Latinoamericano que contemple las realidades regionales que nos aquejan como continente.
Sin embargo, nuestra actividad no debe ser sólo propagandística. Auque pensemos que no hay posibilidades de "ecologizar" al capitalismo (así como no hay posiblidades de “humanizarlo”) porque creemos que este sistema es indefectiblemente predatorio de la naturaleza, no perdemos de vista la necesidad de comprometernos con el combate diario y en la calle, junto a los sectores marginados y oprimidos, por ganar tiempo, por luchar inmediatamente para que el Estado de una respuesta, por más parcial e incompleta que sea, contra los avasallamientos de las transnacionales, contra los atropellos del modelo agropecuario que nos fumiga por encima de nuestras cabezas, contra la destrucción del bosque nativo, y tantos etcéteras más que hoy aquejan a las masas de una manera apremiante.
El hecho de que creamos que “el problema” es el sistema de producción capitalista (basado en el interés supremo por la ganancia) y que sepamos que hasta que este no cambie no cambiará nada, no quita que luchemos día a día por reformas inmediatas que bajo ningún punto de vista significan ceder a los intereses de la productividad capitalista si no que significan avanzar en conquistas parciales para los sectores más damnificados por esta situación a la vez que avanzar en el desarrollo de la conciencia de que una sociedad diferente es posible y necesaria

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